19 Abr, 2006
La II República, a secas
Hace tan sólo unos pocos años, la bandera tricolor parecÃÂa patrimonio de unos pocos abuelos trasnochados que reivindicaban un pasado trágico del que sus propias vivencias no les dejaban escapar. Hoy esa misma bandera aparece insistentemente en manifestaciones ciudadanas y cada vez más gente joven se referencia en ella como el sÃÂmbolo de la España precursora de derechos y libertades que disfrutamos en la actualidad.
En pocos años, una generación joven y progresista ha decidido que ya está bien de que nos sigan robando nuestra historia. Sin los lastres de una Transición a la Democracia cargada de miedos y concesiones de extrema generosidad polÃÂtica y personal, muchos jóvenes hoy reivindicamos con cierto descaro -por qué no decirlo- que queremos saber la verdad de los campos de concentración durante el franquismo; que queremos que se abran las fosas del olvido para recordar con dignidad a los que lucharon y defendieron la libertad y la democracia desde la lealtad a la legalidad vigente y por ello fueron asesinados y asesinadas fÃÂsica y moralmente. Pero por encima de todo, esa joven y descarada generación quiere recuperar los valores de la II República española independientemente de su trágico final. Queremos que se sepa que los derechos y las libertades que hoy nos parecen de especialmente modernos, en la España del 14 de abril de 1931 se consiguieron, se defendieron y quedaron en el recuerdo castigado de millones de españoles que respiraron durante apenas un lustro el aire fresco de un paÃÂs que se reinventó para permitir el sufragio femenino, para promover movimientos de renovación pedagógica que iluminaron la enseñanza, para separar Estado y religión, para impulsar reformas agrarias que sacaran el campo del atraso ancestral de los señoritos de la tierra, para aprobar las uniones civiles y el divorcio, paraÂ… tanto y tan bueno.
Por eso, insisto en mi grata sorpresa al comprobar que el 75 aniversario de la II República se ha celebrado en positivo, con la memoria instalada en sus luchadores pero con la mirada puesta en el futuro de esperanza que hoy reivindicamos para nuestros tiempos.
La corriente se ha puesto en marcha y es una corriente tranquila y serena. No reside en ella ningún afán de revancha, más bien todo lo contrario. Esta joven y descarada generación de progresistas hemos disfrutado del recuerdo, sin llorar por lo que pudo ser y no fue. Entre otras cosas, porque lo que quiso ser en gran medida ya lo es hoy. Es el homenaje intenso a la España generosa y abierta que ha querido y quiere progresar sin estridencias, a través de la conjunción necesaria entre libertad y justicia social, entre igualdad y democracia. Sin la Guerra, asàme gusta celebrar la II República, a secas.
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