Spartacus
  Xarxa sindical

2 Mai, 2006

1 de mayo, el elemento problemático

En los Estados Unidos de 1886 la prensa conservadora descubría con preocupación el fortalecimiento del elemento problemático.


Con esta expresión describían a los obreros cada vez más organizados y reivindicativos que despreciaban las clases burguesas por provenir de extracciones sociales bajas y recién emigradas de Alemania, Austria, Hungría…. Este elemento problemático iba tomando cuerpo y conciencia al calor de sociedades secretas, al calor de los compañías armadas de defensa y resistencia obrera y al calor de las corrientes ideológicas que recorrían el mundo pregonando la revolución que abriría las puertas a un mundo mejor y más justo para todos, en especial para los que nada tenían. Hasta que desembocó en la convocatoria de la huelga general del 1 de mayo de 1886 que cerró miles de empresas en todo el país y abrió unas jornadas dramáticas de violencia de estado contra los manifestantes, con el ánimo de criminalizar el movimiento obrero y social que exigía la jornada laboral limitada a 8 horas diarias. Años después, no muchos el 1 de mayo se convirtió en la efeméride de aquel elemento problemático. El día del recuerdo de aquellos trabajadores ajusticiados en Chicago por su participación en aquella masiva protesta, pero también el día de la resistencia y la reivindicación. Ya han trascurrido 120 años desde entonces. Más de un siglo de lucha y progreso social para los trabajadores. Aquel elemento problemático que decían los rotativos conservadores en los Estados Unidos de finales del siglo XIX no ha cejado en su voluntad de construir un mundo mejor. Los visionarios situaron la estrategia contra la desigualdad y la injusticia en la internacionalización de un conflicto de clases, mientras el poder económico mantenía las reglas del juego en el ámbito estatal y nacional. Bueno, 120 años después ya los tenemos donde queríamos. La economía se ha globalizado y las fronteras económicas son cada vez más endebles. Pero es ahora, cuando el capital ha decidido que el mercado del trabajo también ha de globalizarse. Curiosa evolución desde aquellos tiempos de la creación de los mercados nacionales que impulsaron las revoluciones industriales. Inciso a parte, como decía con ironía desmedida, ya los tenemos donde queríamos. Por eso, la celebración del Día Internacional del Trabajo debe tener una pulsión cada vez más internacionalista. Los sindicatos de clase deben abonar con todas sus fuerzas la creación de intensos lazos de unión entre las centrales de cada país. Las bases están creadas. La unificación del sindicalismo democrático mundial da pasos en la dirección correcta, pero este proceso que impulsan las estructuras políticas del máximo nivel también debe impregnar al resto de sus afiliados y afiliadas. Todos los que formamos parte de cualquier organización sindical debemos entender que sólo una estrategia verdaderamente internacional de extensión de derechos puede equilibrar de nuevo la correlación de fuerzas entre el capital y los trabajadores. Debemos seguir siendo aquel elemento problemático. El único elemento que ha sido capaz de impulsar a lo largo de 120 años ya, el progreso social. El único que es capaz de proyectar con la suficiente vitalidad, los anhelos de justicia, igualdad y libertad que la mayoría de los seres humanos queremos para nosotros y para nuestros hijos.


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